Todo pasó tan rápido. Supongo que así son los devenires de la vida. Alá es caprichoso cuando quiere, pero también benévolo y magnánimo. Ahora navego en post de mi libertad y mi destino: encontrarme con Jaqu´hen y hacerle pagar todos estos años de sufrimiento, de dolor y de sacrificio.
No hubiera podido lograr esto sin la ayuda, voluntaria o no, de unos cuantos. Para empezar a Tarik, que por miedo a que lo delatara por traición prefirió matar a un inocente. Me oculto un potente veneno en la vaina del regalo de bodas de mi marido. También tengo que dar gracias a mi actual capitana, quien tramo conmigo todo esto desde que me conoció y le conté todo lo que yo planeaba. Esperó dos días más de los previstos para que después de la boda me recogieran. Por dejarme que me enrolara y enseñarme todo lo que sé. Su tripulación igualmente me acepto como una más, quien sabe si por compromiso o por que de verdad me sentían así. Así mismo la veneciana, casi esposa de mi marido, cargó con todas las culpas de mis actos. La pobre fue asesinada junto con su familia por conspiración contra el Imperio. No obstante otros pagaron las decisiones que en esa semana se tomaron. Mi hijo fue abandonado a su suerte por mi extraña desaparición. No sé que habrá sido de él, pero algún día juro que regresaré con él y le traeré obsequios de todos los sitios que visite.
Tampoco debo olvidarme de vengarle, pues si esta pasando por esta situación es por el irresponsable de su padre. Cuando coja a ese truhán… le haré pagar por todos sus crímenes.
Que Alá os proteja y os bendiga, camaradas

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Y el esperado día llegó. El día de la boda de mi marido. Todo por lo que habíamos estado trabajando tan duro durante todos estos días. Se habilitó una sala del palacete donde vivíamos para el banquete y los bailes. Los jardines serían donde contrajeran matrimonio. Desde primera hora de la mañana, sirvientas y esclavos iban y venían haciendo los preparativos pertinentes, para que nada fallara, para que todo saliera perfecto. En una de las habitaciones de las esposas de Ozan las esclavas nos arreglaban para la ocasión mientras que en una de las habitaciones del novio se atendía de la misma manera a los invitados. En el primer día de celebraciones la boda se celebraría para la familia de la novia, una pareja de comerciantes florentinos que pensaban que la mejor forma de abrir negocio en la ciudad era casando a su hija mayor el mayor de los comerciantes alejandrinos.
Tras todo el día de presentaciones formales con la familia de la novia llegó por fin el momento de la boda. En el jardín sobre los elefantes que compramos en el mercado de las afueras, los novios dieron su consentimiento a la unión ante los ojos de Alá. Y proseguimos con la comida. Las familias y los invitados estaban distribuidos en varias mesas donde las fuentes con comida eran abundantes. Es tradición en el Imperio que después de cada plato los invitados se pongan a bailar todos los invitados presididos por los novios, para después del banquete, se disfrute del espectáculo de los artistas contratados. Cuando íbamos por el tercer plato me disculpe al resto de mis compañeras de matrimonio, que eran las mismas compañeras de mesa, pues debía de ir al baño.
Y cuando allí me encontraba ocurrió. Un grito cortó el aire seguido de ruido y jaleo. A lo lejos una voz destacaba sobre el resto.
-Está muerto, el novio ha fallecido.

Dilara. Dilara la impía. Una mujer esbelta de pelo corto y gesto serio. Una mujer que a pesar de vestir vestimentas militares no decae un ápice su belleza. Una mujer segura de si misma, para la cual no existían limites ni de religiones, ni culturales, ni de ninguna otra índole. Así era mi rescatadora. Así la conocí, como la mejor pirata mercenaria que pudiera haber en el mediterráneo.

Tras una larga conversación hasta su barco, el “Azote de los Impíos” le conté mi situación y le conté también lo que pretendía. Se mostró disgustada por como me habían tratado y pensó que lo más sensato era que fuera a ver a mi marido para que me brindara la protección que necesitaba en esos momentos. Así pues, designo a varias mujeres de su tripulación para que me acompañaran, de manera discreta, hacia donde se suponía que estaría Ozan trabajando. Allí, el me puso en la protección de varios de sus hombres quienes me acompañarían para hacer el resto de las compras.

Creía, de una forma lógica, que no era conveniente volver a visitar el puerto de la ciudad durante un par de días, por lo tanto me dirigí al único mercado que me faltaba por ver: el del centro de la ciudad. La actividad en ese lugar era la típica de siempre, feriantes vendiendo pócimas milagrosas, predicadores del Corán avecinando la guerra santa, mercaderes ofreciendo exóticos productos… y en una esquina, trabajando en su fragua estaba Tarik, como siempre. Me di un par de vueltas por la plaza mirando los tenderetes antes de hacer ninguna compra, tenía que pensar lo que era mejor convenía para el esperado momento. Había varios artistas que me gustaron entre ellos una pareja de malabaristas, un faquir y algún músico europeo. En total sumaban casi 20 personas diferentes por lo que les pedí a mis protectores que les acompañasen un momento a la residencia familiar. Tras obedecer mis órdenes a regañadientes, me encontré sola en el mercado. Era el momento de actuar.

Me dirigí hacía la herrería de Tarik pausadamente, sin calma. El se percató de mi presencia, nervioso y tras mirar a ambos lados de la calle, dejo de trabajar para recibirme en el interior.

Salam malecum Tarik al Nassir

-También contigo joven arpía

-Me sorprenden tus modales– Dije con una sonrisa oculta tras el burka- ¿acaso es esa forma de tratar a un cliente?

-A un cliente normal, no, desde luego pero en cambio a ti…– Dijo acabando la frase con un escupitajo hacia el suelo.

-¿Tienes lo que te pedí?

-Si, esta allí– Dijo señalando un bulto encima de una mesa

Fui hacía donde me señaló y agarre el envoltorio. Tras inspeccionar su contenido le mire extrañada pero parecía leerme el pensamiento.

Esta dentro de la vaina, mujer.

-Gracias Tarik– Le dije lanzándole la bolsa con lo que me sobraba de dinero- Cóbrate de hay tu trabajo.

Y tras decir eso volví a la plaza donde los escoltas de mi marido me buscaban con miedo a haber fallado a su amo.

Otro día más en la ciudad de Alexandros. El sol se pone en nuestras cabezas como Alá observando a sus fieles. Es hora de ponerse en marcha.

Salgo de casa en cuanto puedo, con algo de dinero para seguir haciendo mis compras. Mi marido me ha ordenado contratar algunos cuantos artistas para la boda pero no me ha especificado de que tipo. Recorro la ciudad distraída mientras pienso, aún es pronto para hacer grandes compras.

Vuelvo al mercado de las afueras de la ciudad en busca del hombre de los elefantes y le digo que tenga preparados los mejores para mañana ya que Ozan vendrá a elegirlos. De vuelta a la ciudad veo a un hombre apilando varias cajas. Tras preguntarle me contesta que no guarda fruta, sino serpientes ya que él es encantador. Le pido que me haga una demostración y veo aparecer entre las hebras de las cajas varias majestuosas serpientes. Hermosas, gráciles, hipnotizantes. Tras el espectáculo le doy mi enhorabuena y le contrato para la boda de mi marido. Ahora solo faltaban unos cuantos artistas más y tendría listo el mandato de mi esposo.

Como todo el mundo sabía, Ozan era aficionado a las mujeres, y más aún a las que no eran suyas. Por lo tanto, me fui al puerto a ver su podía contratar a algunas cuantas esclavas y concubinas para el banquete y quien sabe, quizás alguna de ellas acabará en nuestra casa de fija. La zona estaba más ajetreada que de costumbre y apenas se podía caminar tranquila por los muelles. De repente un hombre me agarra por el brazo y me acusa de adulterio. Con prontitud, todos los presentes me rodean profiriendo maldiciones acerca de mis actos. Me cojen y me llevan a los extremos de los muelles. Nadie se pregunta si lo que dicen es verdad y a nadie parece importarle. Parece que han decidido acabar conmigo ahogándome en el mar, seguramente piensen que así mi marido recuperará la honra. Como si alguno de los presentes supiera quien es mi marido o cuanta honra tiene. Parece que hay un imán entre la multitud, pide que se detengan inmediatamente. Antes de matarme hay que rezar una oración por mi alma impía. Se hace el silencio, la multitud ahora calmada dirige su voz hacia el Único. Observo a la multitud, todos hombres de la ciudad o marineros. Las mujeres, atemorizadas, miran desde los edificios cercanos el macabro espectáculo de mi ejecución. El imán se acerca y empieza a hablarme. No se si intentar a hablar con él, o resignarme a escoger el destino que han decidido para mi unos cuantos desconocidos. Un grito se oye a lo lejos. La multitud se aparta atemorizada. Una persona se acerca hacia mí con paso veloz. Viste un zirh gomlek y empuña un hacha de guerra ensangrentada. Parece que ahora mi destino esta sentenciado.

–        Es ella– oigo decir entre murmullos a la multitud.

–        Es Dilara la impía.

La gente se aparta de mi lado. Me sueltan. Parece que tengo una oportunidad de escapar pero estoy tan impresionada que no me puedo mover.

–        Apartaos de ella sucias ratas– Grita Dilara

–        ¿Cómo osas a interrumpirnos?- Vocifera el imán, el único hombre que parece no tenerla miedo- Estábamos a punto de castigarla.

–        ¿De que se le acusa?- pregunta señalándome con su hacha

–        De adulterio.

–        ¿Es cierto eso mujer?- Me pregunta la guerrera con tono osco

–        No mi señora.

–        Entonces te vienes conmigo.

En mi primer día de compras por el mercado fui a ver como estaban todos los mercados de la ciudad y decidí empezar por el de las afueras.

Allí los mercadillos y por tanto las existencias estaban llenos de polvo y arena. Al preguntarle a uno de los guardias de la ciudad me dijo que llevaban tres días seguidos con una tormenta de arena. En el interior de la ciudad no notamos nada pues la proximidad del mar y las altas murallas impidieron que fuera una molestia para nosotros. Aún con todo esto, decidí darme una vuelta por el mercadillo. Parece que a pesar del mal tiempo, hay gente comprando. De lejos se oye una rítmica canción. de unos músicos recién llegados. Van marcando el ritmo con sus yembes. Apenas hay comida que pueda ser digna de un banquete pero se pueden ver curtidos mercenarios, vendedores de animales y algunos extranjeros que miran con curiosidad nuestra gran arquitectura. Charlo con alguno de los vendedores de animales. Al parecer solo uno puede ofrecerme lo que busco: unos cuantos elefantes.

Tras ver lo poco que ofrece el mercado de las afueras, me voy al del puerto. Si en el de las afueras había actividad, en aquel la actividad podía incluso hasta triplicarse. Los marineros y los mercaderes proferían gritos para coordinarse a la hora de bajar las mercancías. Los esclavos cantaban extrañas canciones de lugares lejanos y las meretrices hacían que la estancia de los viajeros y mercenarios fuera algo más agradable. También pude encontrar a mi marido, al cual le entusiasmo tanto la idea de comprar unos elefantes para la boda que me encargó acordar un encuentro con el vendedor.

Poco vi en el puerto que pudiera interesarme, pero supongo que ya volvería con más calma. Era la hora de visitar el mercado central. Había menos gente que en el puerto pero había de todo. No faltaba nada. Vendedores de fruta, mercaderes de occidente junto con escribas y profetas gritaban al unísono que sus productos eran los mejores mientras que los artistas ponían música a este mosaico de voces. De repente a lo lejos vi a alguien extrañamente familiar y relacionado con el entorno de Jaqu´hen. Me acerque y me encontré en mitad de una fragua llena de humo y a una temperatura excesivamente alta. De repente el hombre se gira y me habla.

Buenos días señora– Dice amablemente- Soy Tarik Al Nassir ¿en qué puedo ayudarla?

-Mi marido se va a casar en unos días y me gustaría regalarle un arma.

-Excelente decisión mi buena señora, dígame ¿tiene algo en mente de lo que pueda gustarle a su marido?

-Pues si, pero es de diseño propio.

-No se preocupe, dígame como lo quiere y se lo tendré.

Así pues, me acerque a ese hombre y le susurré aquello que quería regalarle a mi marido. Le miro la cara. Parece que ha entendido lo que quiero.

Orzan Orhan es un hombre gordo, peludo y baboso. Viste hiyab adornado siempre con su hatta para ocultar su calvicie cada vez más prominente. Aún así, es mi marido. El mío, y el de mis diecisiete compañeras de cama habituales, todas ellas esposas de mi actual marido. Orzan, a pesar de su aspecto poco agraciado y su poca agradable manía de sudar como un cochino cada vez que hace un poco de ejercicio físico es un hombre con una cara bonachona y que suele tratarnos con cortesía por normal general.

A cada una de sus esposas nos manda una tarea o mandato principal, que debemos cumplir al menos una vez al día. Yo por ejemplo, soy la encargada de ir a comprar comida. Me gusta más de lo que debería, pues el mero hecho de poder salir sin permiso previo de mi marido fuera de la casa conyugal es un lujo que muchas de sus esposas no tienen. Así que aprovechando mi recado, salgo una primera vez por la mañana para mirar fruta, carnes y otras especias para, posteriormente, salir una segunda vez con los esclavos para comprar lo que he visto apetecible en la primera salida. También en esta segunda salida aprovecho para comprar pescado fresco, pues es raro el día que se vean las lonjas abiertas a primera hora del día.

Hay varios mercados en la ciudad, concretamente tres. El primero se encuentra a las afueras de la ciudad. Es un mercado pequeño y con pocas existencias. Aunque en el se puedan encontrar las mejores hortalizas de la ciudad, el resto de las mercancías suelen ser malas o viejas. Es el mercado ideal para jóvenes y suele ser usado mucho por los soldados y compañías de mercenarios que van a la guerra en nombre de la gloría y gracia de nuestro adorado sultán Soliman. El segundo mercado esta en la plaza grande de la ciudad. Allí se puede encontrar todo lo que una desee, incluyendo ropa, joyas, especias e incluso objetos extranjeros y funciones de artistas ambulantes. Es el que yo suelo frecuentar pues, a pesar de su elevado precio las mercancías suelen ser buenas y de alta calidad. Es donde va a comprar toda la parte noble de la ciudad y algunos de los jaques más adinerados. Por último podemos encontrar los mercadillos de la zona portuitaria, donde la gente que lo frecuenta no suele ir buscando objetos precisamente. Es la zona de los prostíbulos, donde se venden y compran esclavos, en donde conocí y ame a Jaqu´hen… un sitio deplorable. Es allí también donde trabaja mi marido, ya que al ser un afamado comerciante, suele pasarse gran parte del día cargando y descargando sus mercancías de sus decenas de barcos mercantes. Allí las revisa, contrata gente… lo que haría cualquiera si le generara tanto dinero.

La semana que viene mi marido vuelve a casarse. Esta vez con dos jóvenes chicas de humilde linaje. Como encargada del abastecimiento que soy me toca comprar todo el banquete que se servirá en la boda. Va a ser una larga semana pero espero que merezca la pena.

26-3-2010 Tal día como hoy si siguira viva cumpliría 492 años. Ha llovido desde entonces…

29-5-2010 Se cumplen los 557 años del nacimiento de nuestro glorisoso imperio tras la caida de Constantinopla.

8-6-2010 ¿A que no sabeis de quién se hacen los 1378 años de su muerte? Efectivamente, de nuestro profeta Mahoma.

2-10-2010 Se hace un año en el que volvio el augue de la piratería tras el secuestro del Alakrana

16-10-2010 No podía no mencionar ninguna fecha de mi ciudad natal. Hoy se cumplen los 8 años de la restauración por parte de la UNESCO de la querida biblioteca.

1-11-2010 Y el día en que caímos en desgracia y dejamos de ser un imperio tras la abolición por parte del parlamento del sultanato.

(Nota del autor: esta cronología puede contener spoilers)

Año 1500: Nace el mayor emperador hereje de mí tiempo. El llamado Carlos I de España y V de Alemania.

Año 1512: Selim I es coronado Sultán del imperio.

Año 1517: Selim conquista Alejandría y en medio de ese caos nazco yo.

Año 1520: El hijo de Selim, Solimán, pasa a dirigir nuestro gran imperio.

Año 1529: Conozco a Jaqu´hen, o bueno, él me conoce a mí. A los pocos días él se va y me deja un regalito muy especial en mi vientre. A pocas semanas mi madre me casa con Ozan Orhan y meses después nos enteramos del cerco que sometió nuestro pueblo a los cristianos en Viena.

Año 1533: Carlos I el hereje conquista Florencia para la cristiandad. Mi marido muere y yo aprovecho la confusión para enrolarme en la Azote de los Impíos.

Año 1536: Somos contratados para luchar a favor de Solimán y Francisco I de Francia contra el poder tiránico del emperador hereje.

(Nota del escritor: en un futuro esta entrada puede contener spoilers temporales)

Zainab Bint Jadiya: esa soy yo, poco puedo contar de mi que no haya contado ya al principio de la historia.

 

 

 

 

 

 

 

Jaqu´hen: Otro del que tampoco me he queddo corta en hablar, quien no lo conozca no le culpo, yo tampoco lo se. Quien no haya oido aún hablar de él es que no ha esta demasiado al tanto de mis desventuras.

 

 

 

 

 

 

Tarik al nassir : Es el herrero que mantuvo cierta relación con Jaqu´hen y le fabrico su famoso broche.

 

 

 

 

 

 

 

Ozan Orhan: Mi querido y fiel esposo. Comerciante cuya actividad mercantil es la de   exportar telas a los infieles.

 

 

 

 

 

 

 

galera

El azote de los impíos: Una galera pirata que no olvidare en la vida. En el es donde conocí a Dilara y toda su tripulación.

 

 

 

 

 

 

 

Dilara: Capitana pirata del azote de los impíos. Una mercenaria sanguinaria y orgullosa pero con un gran corazón que no da un encargo por perdido.

¿Qué decir sobre Jaqu´hen? Un cabrón, embustero, bellaco y taimado. El típico hombre al que ves por primera vez y dices, este no puede traer nada bueno.

Lo ví por primera vez hace ya unos años. Yo, joven de mí,  iba a la lonja como por aquel entonces en busca del alimento para sustentar a mi madre enferma y mis tres hermanas cuando unas galeras irrumpieron en el puerto. Eran piratas, mercenarios, gente de poca calaña que volvían de alguna batalla. Entonces lo ví. El hombre más extravagante que jamás vería.  Lucía una armadura quebrada y una larga melena tintada con los colores de la bandera del Imperio, a juego con una perilla trenzada.  Estaba sentado en el cascarón de proa, de brazos cruzados y con cara de pocos amigos, pero eso es algo normal entre mercenarios.  Entonces fue cuando me vio y tras comerme con la mirada, me sonrió con picardía.

Tampoco se puede pedir más de un bucanero. Todos son iguales. Van a los puertos y en el mejor de los casos beben hasta perder el sentido. Sino, es cuando se piensan que están por encima de la ley y que pueden hacer y tener lo que les plazca. Pero también se sabía que todos los marineros eran feos y con mal gusto, que olían a carroña y pescado y ese en cambio parecía diferente. Quizás fue mi gran error, pensar que era diferente. Así que por la noche, cuando mi familia dormía salí en su busca. Fue una tarea fácil, estaba en la taberna. Por aquel entonces yo era demasiado joven para frecuentar dichos sitios, pues al no estar casada corría el riesgo de que me tomasen por una meretriz. Aún así entre. El aire estaba cargado del humo de las shishas y multitud de gente llenaban el local. Muchos de ellos me miraron, algunos perdieron el interés al instante mientras que para otros su interés no acababa más que comenzar. Me adentre sola ante el peligro, con dificultad. Pasando por mesas en las que se jugaban a las cartas, pasando por manos que tocaban parte de mi cuerpo que reservaba para la intimidad pero mi calvario, según dirían los cristianos, tuvo su recompensa. De repente un destello rojo inundo mis ojos como una luz sagrada. Allí, sentado entre cuatro mujeres con poca ropa, estaba sentado él, fumando tranquilamente de una shisha azul.

Me acerque tímidamente hacía el mientras notaba su mirada penetrada clavándose en todo mi cuerpo. Atravesando la piel y llegando a mi alma. Me senté a su lado y a partir de entonces todo fue muy deprisa. Recuerdo como hablamos de mil y un temas. Recuerdo como las demás mujeres se iban malhumoradas al ver que no podían competir conmigo. Recuerdo como me agarró suavemente de la muñeca y me llevo a la parte de arriba y fue entonces donde me enseñó para que servían los hombres. Me enseñó en una noche todo lo que había aprendido durante todo sus viajes. Todo lo que ocultaba el amor y todas sus formas de expresión. Me enseñó a ser feliz y a vivir la vida.

Pero la paz, la felicidad, la hermosura de la vida que había encontrado en él. Se acabo a no muchos días de cuando empezó. Se fue y con el la chispa de la vida. Posteriormente mi madre me casó con un hombre rico de la zona, un comerciante de telas con los países herejes de Europa. Dí a luz a un hijo, pero no de mi marido, aunque este nunca lo sabrá.

Y por esto y mucho más… exijo ¡Venganza!